martes, 24 de mayo de 2011

YO QUIERO SEGUIR VIVIENDO EN MI PUEBLO

Soy un niño de diez años de un pueblo de La Mancha de cuyo nombre si quiero acordarme.

Este pueblo está en una comunidad autónoma que se llama Castilla La Mancha, es una región muy bonita y a mí me gusta mucho.
En el colegio me cuesta un montón atender en clase, dicen mis padres que si por mi parte no saco mejores notas y no pongo más atención nos vamos a tener que ir del pueblo, creo que a Madrid o a algún sitio así.
Por eso este año me estoy esforzando mucho y sacando mejores notas para poder quedarme en mi pueblo, en mi casa, con mi familia y con mis amigos.
Solo saldré del pueblo para ir a la universidad y luego buscaré trabajo aquí, o por lo menos muy cerca.
Yo quiero seguir viviendo en mi pueblo.

Soy la madre de este niño de diez años, y no sé si podré ayudarlo a cumplir sus deseos.
Mi hijo posee una inteligencia por encima de lo “normal”, esto, que debería ser una alegría, en nuestro contexto educativo se convierte en un problema, desde la unidad de orientación de colegio no se considera a mi hijo como un alumno con necesidades específicas de apoyo educativo por altas capacidades.
En Castilla La Mancha las leyes están hechas para que estos niños no existan, mientras que en otras comunidades tienen programas educativos especiales para ellos, e incluso los esfuerzos están encaminados a que niños con un CI menor de 131 y con alta motivación puedan ser incluidos en estos programas, en nuestra comunidad niegan la existencia de altas capacidades incluso aunque el niño tenga un CI muy por encima de 131 sino cumple una serie de requisitos casi imposibles “el niño perfecto”, según la Orden de 15-12-2003:
el alumno que tenga un rendimiento excepcional en todas las áreas asociado a un desarrollo equilibrado personal y social se considera superdotado intelectualmente”.
El Gobierno Autónomo de Castilla La Mancha exige, de entrada, el resultado final, no le importa ignorar que el rendimiento escolar excepcional y el desarrollo equilibrado personal y social de estos niños sólo es posible si previamente se les ofrece la “atención educativa específica” que la Ley Orgánica ordena para todas las comunidades autónomas del estado español.
Claro que esto requeriría un Sistema Educativo que se interesara por el bien del niño y por el futuro del país.
El fracaso escolar de los niños con alta capacidad en España se sitúa en torno al 68%, (no dispongo de datos de Castilla La Mancha ya que apenas existen).
Es triste que las mentes más privilegiadas no tengan los cuidados educativos que necesitan.
Y más triste es para mí pensar que la única posibilidad para que mi hijo reciba una atención educativa adecuada a sus características (pese a su gran esfuerzo adaptativo) pase por irse de su amada tierra de Don Quijote.

Africa Martinez Amezcua

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