miércoles, 1 de junio de 2011

EL RELOJ DEL SIGLO XV

Tengo un reloj en el salón, réplica de los utilizados en la edad media,
cuando me lo regalaron me gustó, pero creo que no lo valoré lo suficiente. Ahora conforme más lo miro, más interesante lo veo.
Posee una peculiaridad, solo tiene una manecilla que además se retrasa entre 15 y 30 minutos al día, esto que en un principio me llevo a pensar que ese reloj aunque muy bonito servía para poco, ahora me parece un detalle encantador.
En ese reloj del siglo XV solo importaban las horas y ni tan siquiera de una manera exacta, luego apareció el minutero, el segundero después... y de ahí ya pasamos a querer contabilizar el tiempo hasta la mas ínfima parte de un milisegundo, lo cual bien mirado y aunque tenga mucha utilidad científica parece incluso menos práctico que querer contar las horas solo a groso modo.
Haciendo una reflexión sobre el dicho de todos conocido referente a que “el tiempo es oro”, tengo la impresión de que ese “oro”, hoy día, es mas que nada un dictador tiránico, despótico, esclavizante...
Cuando estoy de vacaciones me gusta quitarme el reloj de pulsera y dejarlo en la mesita de noche, me produce cierta sensación de libertad, procuro usarlo lo menos posible, incluso llega a pararse (pues es cinético y si no se mueve en 2-3 días deja de funcionar), en realidad no lo echo tanto de menos, con mirarlo un poquito de vez en cuando tengo bastante.
Pero en el día a día cotidiano temo por una posible futura artrosis de muñeca de tanto mirar la hora.
Todos reconocemos como buenos momentos esos que pasan casi sin darse cuenta, disfrutando quizás de cualquier pequeño detalle, donde dos horas parecen 10 minutos.
Me imagino que el “truco” estará en encontrar cada uno su propio ritmo y de esa manera el dictador tiránico, despótico, esclavizante... se convierta en un apacible compañero.

Africa Martínez Amezcua

No hay comentarios:

Publicar un comentario