miércoles, 27 de julio de 2011

SU PEOR CONDENA, EL OLVIDO

Estoy consternada, como cualquier persona medianamente civilizada, con los crímenes que han ocurrido en Noruega.

Me horroriza ver como una persona puede considerar ese tipo de acciones como necesarias y no sentirse culpable por ello.

Puso fotos suyas de cuidada estética en Internet, en su perfil de Facebook hizo una  descripción satisfecha de si mismo y colgó un video en el que describía, orgulloso, detalles de sus futuros ataques.
Ha asegurado que actuaba para salvar a occidente de los musulmanes (no se que pueden hacer estos peor que lo que ha hecho el) y despertar a las masas.

Se compara a si mismo con un caballero de la Orden del Temple, tenía la esperanza de ser visto “como el mayor monstruo desde la Segunda Guerra Mundial”.

Ha redactado un manifiesto de 1500 páginas, nada menos que una declaración de independencia europea...

Todo ello reflejo sin duda de una megalomanía, que le ha llevado a planear esta ejecución para obtener “publicidad”.

No le permitamos esta publicidad, su peor condena es el olvido.

Olvido de la persona que cometió los crímenes.

Recuerdo por siempre de las consecuencias de un radicalismo demente.

Recuerdo por siempre de las víctimas inocentes, del sufrimiento de unas familias deshechas, de la angustia de un país destrozado por el espanto, del dolor del mundo civilizado en general.


África Martínez Amezcua.


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