sábado, 7 de enero de 2012

EL PIE QUE BUSCABA SU ZAPATO

La educación inclusiva como idea potencial es excelsa, como acto deja mucho que desear.

Dar una educación adecuada a cada niño, dentro de un mismo entorno como sistema integrado, atendiendo a todo tipo de diversidad, es una idea casi poética. La realidad por desgracia es bien distinta.

Me voy a permitir utilizar una metáfora:

Imaginemos que lleváramos a nuestros hijos a una zapatería porque tuvieran el derecho y la obligación de ponerse unos zapatos y al llegar allí resultara que solo dispusieran de  2 o 3 números distintos según la edad.

Unos niños llevarían unos zapatos muy grandes, lo cual daría lugar a tropiezos múltiples e impediría incluso que aprendieran a andar adecuadamente.

A otros niños se les quedarían pequeños, impidiendo de igual manera que pudieran andar bien, entorpecerían su crecimiento, incluso podrían parecer torpes.

Con este sistema no serían muchos los que llevaran unos zapatos adecuados para sus pies.

Algunos pies mal calzados tendrían “suerte” y conseguirían con los años encontrar una zapatería con calzado adecuado para ellos.

Otros, llegado el momento en el cual dejara de ser una obligación llevar zapatos, se decidirían por ir descalzos.

Siempre quedarían algunos pies errantes que no cejarían en su empeño por encontrar un zapato a su medida, a base de callos, durezas y rozaduras.

Moraleja: lo que no se puede es pretender conseguir la tan proclamada escuela inclusiva sin hacer las ampliaciones y reformas, necesarias para ello, en numerosos ámbitos del sistema educativo.
 

África Martínez Amezcua



No hay comentarios:

Publicar un comentario