sábado, 3 de marzo de 2012

DEL CUENTO AL HECHO HAY POCO TRECHO

Parecía que andábamos sobre tierra firme, fue sorpresa la de muchos al descubrir que esto no era así, empezó a agrietarse el suelo y acabó por abrirse de par en par bajo nuestros pies.

Resultó que unos topillos habían ido horadando túneles bajo la corteza terrestre y con tanto y tanto túnel el suelo acabó cediendo, increíble, quien lo hubiera imaginado.

Pensábamos desde la ingenuidad que vendrían nuestros electos protectores para salvarnos del hundimiento, pero mira tú por donde que lo único que empezaron a salvar fue a los topillos, aunque para ello hubiera que pisotear a algunos de nosotros por el camino.

Una vez todos los topillos fueron puestos a salvo vinieron las primeras recriminaciones, se nos acusó de ser demasiado pesados y explicaban que debido a eso se había abierto la tierra en canal (parecían haberse olvidado de los animalillos horadadores).

Se habló de que para reparar aquel desaguisado teníamos que arrimar todos el hombro y sacrificarnos de una manera equitativa y solidaria.

Los topillos miraban el panorama tranquilamente fuera de cualquier atisbo de equidad o solidaridad, ellos estaban por encima de todo eso.

Los electos protectores tampoco tenían problemas de sacrificio solidario, ya que las normas para ellos siempre fueron distintas (de hecho muchos eran en realidad topillos camuflados).

Los que nunca habían arrimado el hombro siguieron sin arrimarlo, total ya lo harían otros.

Así pues ahí quedamos los mismos “pringaos” de siempre sustentando la reconstrucción, culpables sin comerlo ni beberlo no sabemos bien de qué y en eso estamos…
 

África Martínez Amezcua

  

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