jueves, 12 de abril de 2012

EL CAMINO Y LA MOCHILA

Corría el año 1997 cuando mi esposo y una servidora nos lanzamos a hacer el Camino de Santiago.

Previamente nos documentamos al respecto, se aconsejaba encarecidamente que la mochila fuera lo más liviana posible, sugiriendo un máximo de 6-7 kg, en un acto de osadía (a cuenta de nuestras saludables espaldas) la mochila acabó pesando 8, craso error, que fue subsanado en León mandando un paquete por correo a casa, con más de un kilo de liberación para cada uno. Desde la óptica del dolor de espalda y pies dejaron muchas cosas de ser importantes, como el tenedor (todo lo comible con tenedor puede ser comido con cuchara), un boli (con uno había de sobra para los dos), el libro (fácilmente sustituible por buena conversación) etc.

Llegamos a Santiago sanos y salvos. He de decir que fue una experiencia maravillosa, nos enriqueció en amistades, valores y la gratificación de lo conseguido con esfuerzo, algún día me gustaría repetirla con mis hijos.

Claro que no se si podré llevar a cabo esta aventura con ellos, ya que temo seriamente por la salud de su espalda, llevan diariamente al colegio una mochila con cerca del 30% de su peso corporal (cuando lo aconsejado es un máximo del 10%), mi hija pesa 31 kg y el peso de la mochila ronda los 8-9, por mucho que se intente repartir el lastre y muy ergonómica que sea la mochila este peso es, se mire como se mire, excesivo.

Cuando yo iba al colegio, el peso que teníamos que llevar era a lo sumo 2-3 kg, de hecho las mochilas nos duraban eternamente, puesto que no tenían que soportar el vapuleo de las actuales.

Hay propuestas mucho más sencillas y baratas que los tratamientos de los trastornos de columna provocados por la carga continuada de peso excesivo, por ejemplo libros en fascículos, taquillas en los colegios etc. Sin embargo y para desgracia de las espaldas de nuestros hijos, estas propuestas no parecen interesar a los dirigentes del sistema educativo.

Mis recuerdos del colegio no incluyen dolor de espalda, los de mis hijos sí. Mis recuerdos del Camino de Santiago son entrañables, no sé si ellos podrán llegar a tenerlos algún día.


África Martínez Amezcua


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